Covadonga Fernández, pastora del siglo XXI

Covadonga Fernández Alonso, pastora de los Picos de Europa, es una de las  pocas mujeres que aun sigue con la tradición familiar de hacer queso gamoneu. No  conoce otra forma de vida, ama su trabajo a pesar de las duras condiciones de  vida y sacrificios con los que se enfrenta a diario. Hace apenas una semana ha  recibido el último golpe que ha mermado sus esperanzas, hasta el punto de  asegurar que abandona su oficio. El lobo le ha matado 23 ovejas a 200 metros del  pueblo Gamonedo.
La historia de Covadonga en la misma de todos los pastores,  o podríamos decir de los valientes que aún siguen subiendo al puerto durante los  meses de verano, para hacer el oro de los quesos, el “quesu gamoneu”.

leaderoriente.com/images/stories/pastora21b.jpg mce_src=images/stories/pastora21b.jpg alt=Pastora align=right>¿Con qué años comenzó a subir al puerto?
A los 6 o 7 años ya estaba  con mi padre en las Fuentes de Onís, desde julio hasta septiembre. De aquella yo  valía muy poca cosa, él salía a corderos y yo quedaba desuerando. Después, entre  los 17 y 18 años sólo estaba el mes de junio, quería salir a las fiestas, pero  en esa época ya atendía el ganado, mecía y hacía las tareas de casa. A los 19  años me casé y tuve a mi hijo Manolín, que a los dos años ya subía conmigo al  puerto. La vida era muy dura, pero mi hijo era muy bueno. Para ir a mecer le  dejaba en la cama y le decía: “Manolín no te levantes que te puedes quemar”. Y  así lo iba engañando, le tenía parte del día en la cama, no podía hacer otra  cosa, si lo llevaba conmigo lo tenía que traer a cuestas, y si lo dejaba en la  cama, todo el día con la preocupación. A la hora de comer lo levantaba, ¡no lo  iba a tener todo el día en la cama!, y entonces le llevaba a hombros. Recuerdo  que mi padre me decía “Cada vez que miro a Los Porrones me acuerdo de tí,  ¡cuántu mi anduvisti con esi mastuerzu! ”.

¿Cómo es un día de trabajo en el puerto?
Me levanto a las 5 de la  mañana. Hasta que amanece le doy vuelta a los quesos, atizo el fuego y preparo  la leche de la noche. La revuelvo, le paso el “colader” para que no queden  trozos de nata y si el día está frío, la pongo cerca del fuego a calentar. A eso  de las siete empiezo la tarea, mecer las cabras, vacas y ovejas; y mientras la  leche recién ordeñada me enfría para luego mezclarla con la de la noche, cebo a  los gochos. Hay que aprovechar el tiempo. Después echo el cuajo y desayuno. A  continuación y esperando que cuaje la leche, hago la limpieza de la cabaña y a  eso de las tres de la tarde a desuerar. Una vez hecho el queso, otra vez a  limpiar la cabaña, es un sitio tan pequeño y hacemos todo en ella... Ya al  atardecer cebo los gochos y otra vez a mecer al ganado, por último, muevo el  queso que está más verde. La tarea termina a las 12 de la noche, duermo cinco  horas diarias.

Las tareas de limpieza tienen que resultarle muy engorrosas teniendo en  cuenta que no disponen de agua corriente...
Pues sí. Lo peor era fregar  los cacharros, hasta este año no teníamos agua. La subíamos en bidones de 20  litros al hombro y claro, llegaba rendida. Este año no tuvimos ese problema. Nos  pusieron un depósito de 5.000 litros y fregaba a grifo encantada de la vida,  pero sólo la usábamos para fregar, a los animales no se la dábamos.

Otro gran problema es el acceso a las cuevas de maduración ¿cómo es la  suya?
La que yo utilizo se llama Cueva Juera, está encima de Belbín, en  el Puerto de Onís. Casi puedo llegar en coche, desde donde lo dejo hasta la  cueva hay diez minutos andando. El problema es el acceso, hay que entrar colgado  y a oscuras. Te atan por debajo de los brazos y bajas los 10 metros hasta que  llegas a la cueva.

Hay que ser muy valiente para arriesgar su vida de esa  manera.
Bueno, esta cueva no es de las peores. Hace un año, vinieron los  de Parques Nacionales porque se pretendían acondicionar las cuevas, cosa que no  se hizo, y en la vega hay una cueva muy buena, es muy húmeda pero es la más  peligrosa. Pasaron a verla y me preguntaron que quién bajaba allí. Les dije que  yo sola. Para bajar pasas por una primera cueva pequeña y a continuación, hay  que bajar a gatas por un “riescu”(pasadizo) con un pozo a cada lado, teniendo en  cuenta que paso con el zurrón cargado de quesos, es más peligroso todavía pues  es más fácil perder el equilibrio. Tanto es así, que a mis compañeros les digo:  “Si falto, buscarme en la cueva”. Los de Parque Nacionales viendo en la  situación que estaba nos prohibieron que volviéramos a entrar.

¿Sería beneficioso que se acondicionaran esas cuevas?
Hombre claro,  porque son muy peligrosas. La de Belbín no tanto, porque tienes la seguridad de  que, quien está arriba con la cuerda, no te va a soltar.

¿Qué necesitarian para arriesgar menos la vida?
Sólo una escalera.  Las cuevas buenas son muy profundas. Somos conscientes de que día tras día  arriesgamos nuestra vida.

¿Las cuevas de maduración que utilizan son las que generación tras  generación han utilizado sus familias?
Sí, la nuestra ya la utilizaba mi  “güelu”.Me contaba que en ocasiones dentro de la cueva les comían el queso y  decían “es la “resmilla” (armiño)”, y después descubrieron que era un perro suyo  que entraba por la boca pequeña de la cueva.

El gran problema que os hace abandonar vuestro trabajo y modo de vida es  principalmente el lobo, ¿qué hacían antes para evitar sus ataques.?
Yo  tengo 46 años y hasta hace unos años no los conocía. Mi padre sí los conoció  pero podía luchar contra ellos. Antes, los animales quedaban tranquilamente en  el monte y el raposo te podía matar un cordero, pero nada más. Subíamos el  ganado a Peña Santa; subían 80 y 80 bajaban. Alguna vez se perdían dos o tres,  por el raposo o porque se metían en un “mosquil” (dos piedras juntas y estrechas  que hacen una sombra, también llamado “resqueju” por los pastores). Claro,  metían la cabeza y se quedaban aprisionadas sin poder salir.

Con el Programa “Pastores XXI” se pretende solucionar el problema de los  lobos y mejorar las condiciones de vida en el puerto. En ese caso, ¿cree que los  jóvenes se animarían a seguir haciendo el gamoneu del puerto?
Confiamos  que así sí. Pero en este momento, tal y como lo tenemos, abandonamos los pocos  que quedamos. No nos quedan animales, ahora después de la matanza de la semana  pasada del lobo que nos mató 23 ovejas, nos quedan 69 hembras  reproductoras.
La solución es traer animales de otros sitios y claro al  cambiar los pastos no se acostumbran a la nueva alimentación. Todos los años  reponemos, ¡qué remedio! Pero la adaptación es muy difícil tanto es así que  muchas veces las nuevas hacen rebaño solas y no se unen a las otras.

Pero Covadonga, ¿ usted realmente quiere dejar su profesión?
A mí  me da mucha pena. Llevo toda la vida haciendo queso, pero arriba en el puerto lo  paso mal. Una cosa es decir subo con 20 o 30 ovejas que lo domino muy bien, pero  no es rentable, y otra hacer el sacrificio de estar 3 meses con más animales  para poder hacer unos kilos de queso y que sea rentable.


Esperaza Blanco, suegra de Covadonga comenta que en una ocasión les llamó  el Juez Baltasar Garzón para comprar un queso y ella le dijo. “Si usted quiere  quesu gamoneu, me trae a alguien que me quite a los lobos, si no ésto se  termina”. Él le contestó que si por él fuera lo haría inmediatamente.

¿Qué supone para usted la aprobación del Programa Pastores XXI y la  reciente Denominación de Origen Protegido del Queso de Gamoneu?
Hay...,  si fuera para adelante bueno sería. Tengo esperanza porque quiero seguir. Si  ésto cambiara, en verano seguiríamos subiendo, pero Parques Nacionales no nos  apoya.

Los pastores de Los Picos de Europa, cuentan co

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